Residuos orgánicos en la producción porcina, ¿cómo transformarlos en subproducto con valor agregado?

 Con el descarte de las excretas del sector porcino, actualmente en Argentina podrían abastecerse de energía 870 mil hogares.  


Por: María Paula Viscardo Analista de Investigación en Center for Clean Air Policy (CCAP).

La producción porcina argentina se ha ido profesionalizando sostenidamente, y ese crecimiento siempre trae consigo una consecuencia inevitable: más residuos. El sector está compuesto en su mayoría por establecimientos pequeños y medianos, con una proporción menor de granjas de gran escala.

El presente artículo se basa en parte en el Reporte de Investigación "Hacia la valorización de residuos orgánicos en el sector porcino", elaborado por quien suscribe en el marco del Programa Recycle Organics, que incluyó entrevistas a productores, instituciones y referentes del sector a lo largo del país.

Durante el proceso de investigación, primero fue necesario entender cómo funciona la producción en sí misma para dimensionar el residuo que genera. La producción porcina de ciclo completo comprende la reproducción y gestación, nacimiento y lactancia de lechones, destete y finalmente proceso de crecimiento y engorde. En la Ilustración 1 puede observarse el diagrama del proceso de producción porcina: 



Como se observa, el proceso genera dos corrientes principales de residuos orgánicos: los animales muertos y las aguas residuales. Los primeros son inherentes a cualquier producción pecuaria. Los segundos son una combinación de excretas (conjunto de purín y orina) con agua de lavado o “flushing”, restos de alimento, paja y otros materiales de cama según el sistema productivo.

Sin embargo, para entender el potencial de lo que se genera, primero hay que entender qué es un residuo orgánico. Siguiendo los lineamientos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), los residuos orgánicos son aquellos de origen biológico que pueden descomponerse mediante procesos biológicos (aeróbicos o anaeróbicos), incluyendo restos de alimentos, residuos de jardinería y otros materiales biodegradables. Pero hay una distinción clave: un residuo orgánico es residuo solo cuando no se lo valoriza. Una vez tratado y aprovechado, deja de ser un pasivo para convertirse en un subproducto con valor de mercado. El desafío es llegar a ese punto.

Tecnologías disponibles para el tratamiento de residuos orgánicos y uso de subproductos

La valorización puede tomar distintos caminos. Dependiendo del sistema elegido, los procesos de tratamiento biológico varían y, con ello, los subproductos que generan. Estos son los más importantes:


Fuente: Martínez-Almela, 2007. Reversionado por Recycle Organics


Algunos de los principales tipos de tratamiento biológico, son: 

Compostaje: descomposición aeróbica natural de materia orgánica que produce fertilizante orgánico aplicable en campo. Puede realizarse tanto con cadáveres como con efluentes, previa separación de fracciones líquida y sólida. Un establecimiento con 50 madres en ciclo completo puede producir aproximadamente 120 toneladas de compost por año.

Vermicompostaje: la fracción sólida de los efluentes es procesada por lombrices y microorganismos, generando vermicompost -mejorador de suelos y fertilizante orgánico- y té de lombriz, un bioestimulante líquido de alto valor agronómico. En algunos sistemas, las propias lombrices se reproducen y pueden comercializarse como producto adicional. 

Mosca Soldado Negra: aplicable sobre la fracción sólida de los efluentes y cadáveres, con las debidas precauciones sanitarias. Genera dos subproductos: larvas ricas en grasa y proteína -insumo para alimentos animales- y frass, una mezcla de excretas de larvas y restos orgánicos estabilizados que funciona como fertilizante. 

Biochar: este proceso involucra la quema de biomasa sólida bajo ausencia de oxígeno (pirolisis) generando carbón vegetal. NO es la opción más común en campo por el elevado contenido de humedad y baja eficiencia.

Digestión anaeróbica: el efluente ingresa a un biodigestor donde bacterias degradan la carga orgánica en ausencia de oxígeno, liberando metano. Ese gas, una vez acondicionado, puede usarse para generar electricidad, inyectarse a redes de gas natural o calefaccionar los espacios de cría. El proceso también genera digestato que luego de secado puede compostarse; y en estado líquido puede utilizarse como fertiriego según la normativa vigente.  

Lagunas de estabilización: son obras de infraestructura que reciben efluentes líquidos o semilíquidos diluidos para su tratamiento, según define el American Society of Agricultural Engineers (ASAE). De acuerdo con el “Reporte de Investigación: hacia la valorización de residuos orgánicos en el sector porcino”, es el sistema más utilizado por los productores porcinos argentinos entrevistados. Sus subproductos son dos: fertiriego y lodos. Cabe aclarar que cualquiera de estos tratamientos requiere una etapa previa de acondicionamiento del efluente. 

Potencial del tratamiento de residuos

En Argentina, durante el año 2025, se registraron un total de 90.308 unidades productivas con cerdos (Anuario Porcino, 2025). Sin embargo, al focalizar en los establecimientos con más de 100 madres -los más representativos en términos de volumen y capacidad de gestión- ese número se reduce drásticamente a 573 unidades productivas en todo el país.  Este contexto es clave para dimensionar la realidad del sector, pero, sobre todo, para comprender el potencial de generación de residuos orgánicos. 

Teniendo en cuenta indicadores generados por Recycle Organics (Infografía, 2025) un total de 886.923 cerdas del país generan 7 millones de toneladas de excretas por año, lo que representaría entre 0,7 y 1 millón de toneladas de compost anuales si se las tratara adecuadamente.

Si se amplía la mirada al rodeo porcino total -no solo las madres-, los datos del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca (2021) son aún más reveladores: los 332 millones de m³ de purines generados equivalen a un potencial energético de 112 millones de Kcal anuales, suficiente para abastecer a 870 mil hogares al año, considerando un consumo medio de 200 kWh por hogar por mes.


Fuente: MAGyP, 2024


Barreras y oportunidades para la valorización de residuos orgánicos

Recorriendo los casos de varios productores del país para elaborar el reporte de investigación, me encontré con una paradoja constante: todos ven la oportunidad en valorizar sus residuos. La pregunta que nadie termina de responder bien es por qué no lo hacen. Las respuestas se repiten. Falta de instrumentos financieros y marcos normativos poco claros para invertir en tratamiento de orgánicos, escasez de profesionales especializados y empresas proveedoras de infraestructura sin capacidad de servicio postventa.

Un productor de Santa Fe lo resumió mejor que cualquier informe: “la empresa de energía me compraba la electricidad que producía con el biogás a un valor inferior a lo que yo lo pagaba. Luego de que la lona del biodigestor se rompió, decidí no arreglarla y dejé de tratar los efluentes en el biodigestor”. Muchos otros me comentaron que les encantaría aprovechar los subproductos generados, pero encuentran problemas logísticos y falta de mercados de comercialización, en parte por desconocimiento sobre la calidad de los productos, lo que afecta la demanda. 

Sin embargo, las barreras no opacan lo que el propio sector reconoce sobre su enorme potencial y las oportunidades concretas:

Fertilizante orgánico con mercado creciente. El compost y el digestato porcino son sustitutos directos de fertilizantes sintéticos, cuyo precio internacional ha mostrado alta volatilidad en los últimos años. Las 886.923 cerdas del país podrían generar entre 700.000 y 1.000.000 de toneladas de compost por año, un volumen con capacidad real de sustituir importaciones y reducir costos en producciones agrícolas vecinas a los establecimientos porcinos.

Energía renovable descentralizada. El biogás generado por digestión anaeróbica no solo permite autoabastecimiento energético del establecimiento -reduciendo costos operativos- sino que, con los marcos normativos adecuados, puede inyectarse a la red. El potencial de 870.000 hogares abastecidos no es una metáfora, es una oportunidad de generación distribuida que hoy duerme en las lagunas de estabilización (o fosas) de miles de granjas.

Nuevas cadenas de valor. El vermicompost, el té de lombriz, las larvas de mosca soldado negra y el frass son productos con mercados en desarrollo tanto a nivel local como de exportación. La economía circular aplicada al sector porcino no es solo gestión ambiental, es diversificación de ingresos para el productor.

El rol del Estado y las instituciones. INTA, INTI, cámaras de productores y programas como el Argentino de Carbono Neutro tienen capacidad técnica instalada. Lo que falta es traducir ese conocimiento en instrumentos financieros accesibles como créditos blandos, subsidios a la reconversión, tarifas de compra de energía que hagan rentable la inversión, y en marcos normativos claros que den certeza al productor antes de invertir.

Conclusión

La conversación sobre residuos porcinos en Argentina todavía ocurre, en su mayoría, en términos de problema: olor, contaminación, multas. Pero los propios productores, cuando se les pregunta, lo ven diferente. Ven valor. Ven una oportunidad que no pueden aprovechar solos.

Una vez participé de una presentación que me dejó una idea que quiero reproducir: “El residuo es un recurso. Es considerado residuo solamente cuando no se le da valor.”

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