Reducción de antibióticos: Un desafío creciente para la sanidad animal y la seguridad alimentaria
Autor: M.V. Esp. Mg. Leonardo O. Mascitelli. Consultor, Profesor de posgrados. Presidente IPSAL
Este fenómeno ocurre, por ejemplo, cuando las bacterias desarrollan la capacidad de sobrevivir a los antibióticos diseñados para eliminarlas, reduciendo la eficacia de los tratamientos frente a enfermedades infecciosas.
Desde un punto de vista biológico, la resistencia no es un fenómeno completamente nuevo. Muchos antibióticos utilizados en medicina humana y veterinaria tienen origen bacteriano, ya que son metabolitos producidos por microorganismos para competir en su ambiente natural. Estas bacterias productoras poseen mecanismos propios para resistir dichos compuestos. El problema surge cuando los genes de resistencia se transfieren a otras bacterias que originalmente no los poseían, fenómeno conocido como resistencia adquirida.
En condiciones naturales, este proceso evolutivo ocurre lentamente. Sin embargo, las actividades humanas han acelerado significativamente la diseminación de estos genes. La intensificación de la producción animal con injerencia en la seguridad alimentaria, junto con el uso extendido e irresponsable de antimicrobianos, ha generado la propagación de bacterias resistentes.
Uso de antibióticos en producción ganadería

El desarrollo de resistencia está estrechamente relacionado con la exposición de bacterias a antimicrobianos, especialmente cuando ocurre en concentraciones subletales o no se completa el tratamiento prescripto. Cuando las bacterias se exponen a niveles bajos de antibióticos que no logran eliminarlas completamente, aumenta la probabilidad de que desarrollen mecanismos adaptativos que les permitan sobrevivir a futuras exposiciones.
En la producción animal existen distintos escenarios donde puede generarse esta presión de selección. Históricamente, uno de los más discutidos ha sido el uso de antibióticos como promotores de crecimiento, práctica que implica administrar concentraciones bajas de antimicrobianos en el alimento para mejorar la eficiencia productiva. Aunque esta práctica ha sido restringida o prohibida en muchos países, todavía genera debate debido a su relación con el desarrollo de resistencia bacteriana.
Otro escenario es el uso profiláctico, donde se administran antibióticos para prevenir enfermedades dentro de grupos de animales. En sistemas intensivos, donde los animales se alojan en grandes poblaciones, esta estrategia se ha utilizado para reducir el riesgo de brotes sanitarios. Sin embargo, al tratar tanto animales enfermos como sanos, también se incrementa la presión de selección sobre la microbiota intestinal, favoreciendo la aparición de bacterias resistentes.
Es importante destacar que el uso de antimicrobianos sigue siendo una herramienta fundamental cuando existen enfermedades infecciosas diagnosticadas, ya que permiten controlar brotes, reducir mortalidad y mantener la productividad. El desafío actual consiste en su uso responsable y recomendado por un profesional competente, evitando aplicaciones innecesarias o inadecuadas.
Impacto ambiental y diseminación de genes de resistencia
El problema de la resistencia a los antimicrobianos no se limita al animal tratado. Existe también un impacto ambiental asociado al uso de antibióticos en sistemas productivos agroalimentarios.
Diversos estudios han demostrado que los genes de resistencia pueden acumularse en el ambiente, tanto en suelos fertilizados con estiércol procedente de animales tratados con antibióticos como en cursos de agua relacionados.
Este fenómeno tiene implicaciones importantes. Cuanto mayor sea la presencia de genes de resistencia en el ambiente, mayor será la probabilidad de que otras bacterias los incorporen mediante transferencia genética, ampliando así el reservorio global de resistencia.
Este enfoque holístico demuestra que la resistencia a los antimicrobianos debe analizarse bajo el concepto de “Una Sola Salud”, donde la salud humana, animal y ambiental están estrechamente interconectadas.
Estrategias para reducir el uso de antibióticos en producción animal

Frente a este escenario, el sector ganadero enfrenta el desafío de reducir la dependencia de los antimicrobianos sin comprometer la sanidad y bienestar animal ni la productividad. Para lograrlo, se requiere un enfoque integral basado en prevención, diagnóstico, manejo sanitario y buenas prácticas ganaderas.
Entre las estrategias más relevantes destacan:
- Programas preventivos de sanidad animal. La implementación de planes de bioseguridad, vacunación y manejo sanitario permite reducir la incidencia de enfermedades infecciosas y, por lo tanto, la necesidad de tratamientos antimicrobianos.
- Mejora en los sistemas de vigilancia y diagnóstico. El uso de diagnósticos tempranos y precisos permite identificar rápidamente los patógenos responsables de una enfermedad y aplicar tratamientos más específicos. Esto evita el uso indiscriminado de antimicrobianos, los cuales pueden afectar a toda la microbiota del animal.
- Uso responsable y prescripción profesional. La administración de antimicrobianos debe realizarse bajo supervisión veterinaria, respetando dosis, indicaciones terapéuticas y regulaciones vigentes. Además, es fundamental evitar prácticas como el uso empírico basado únicamente en experiencias previas y eliminar el uso como promotores de crecimiento.
- Monitoreo del uso de los antimicrobianos. El desarrollo de sistemas de vigilancia del consumo de antimicrobianos permite evaluar el nivel de exposición en los sistemas productivos y diseñar políticas sanitarias más eficientes.
Hacia una producción animal sustentable
La resistencia a los antimicrobianos plantea un desafío complejo para la producción animal global. Reducir su uso a lo estrictamente necesario es un objetivo prioritario, pero debe lograrse mediante estrategias basadas en evidencia científica, prevención sanitaria, diagnóstico preciso y la aplicación de buenas practicas ganaderas.
No se debe eliminar el uso de los antimicrobianos del sistema productivo pero si hacer un uso responsable y cuando realmente sea necesario. Es importante contar con esta herramienta terapéutica, ya que su falta de efectividad podría provocar mayor mortandad animal y menor disponibilidad de alimentos de origen animal afectando seriamente la seguridad alimentaria.
Por ello, el enfoque actual se centra en optimizar su uso, desarrollar alternativas y fortalecer los sistemas de vigilancia sanitaria en el marco del concepto de Una Sola Salud.
Avanzar en esta dirección permitirá mantener la eficiencia productiva, la sanidad animal y humana y la seguridad alimentaria.





